ICONOGRAFÍA DE LAS IMÁGENES

 

 

Nuestro Padre Jesús Nazareno

 

Imagen Anónima del siglo XVIII, es de vestir por lo que el trabajo se centra en la cabeza las manos y los pies. Es de destacar la gran belleza de su rostro así como la presencia en el mismo paso de la imagen de Simón de Cirene uno de los pocos pasos que existen en Canarias con estas características, ya que es habitual en estas tierras que solo sea protagonista la imagen del Cristo. A lo largo del tiempo ha sido sometido a procesos de restauración como los realizados por Nicolás Perdigón Oramas a principios del siglo XX y por Ezequiel de León Domínguez en 1997.

Esta imagen sustituyó a la primitiva venerada en el convento dominico desde 1633, año en que se constituyó la primitiva Cofradía. La antigua imagen fue llevada a la Parroquia de Santa Ursula por el sacerdote Arroyo en 1757 y actualmente se venera en el mismo lugar.

Con respecto a su ajuar destaca su imponente túnica bordada en oro, realizada en el siglo XVIII, que fue sometida en el año 1992 a un laborioso proceso de restauración realizado por el bordador gaditano Juan Carlos Romero, así como una túnica de terciopelo morado liso que la utiliza cuando se encuentra en el altar.

Recientemente le ha sido donada una túnica de terciopelo rojo con bordados en oro que utiliza  con motivo de su festividad en el mes de Octubre. La cruz que porta nuestro titular es de procedencia americana, chapada en carey con incrustaciones y rematada por cantoneras de plata, siendo una pieza dieciochesca única y singular, que nos habla de la devoción que tenía la imagen entre la población emigrante que viajaba hacia América en busca de fortuna. Las potencias que coronan su cabeza fueron realizadas en plata por el orfebre lagunero Lorenzo Kriger en 1997, aunque también cuenta con dos soles de remota antigüedad.

Simón de Cirene, también de vestir e igualmente Anónimo del siglo XVIII, destaca por el logrado trabajo del rostro y del pelo, dejando ver entre sus vestiduras unos botines tallados.

El Trono de la venerada imagen fue realizado c. 1945 en la carpintería de Isidro Cruz, tallándose en el mismo las insignias de la Pasión del Señor, por varios ebanistas de renombre en aquella época.

 

Nuestra Señora de los Dolores

 

Imagen Anónima del siglo XVIII. Es una escultura de candelero cuyo principal trabajo se centra en el rostro que refleja un sentimiento de tristeza ante la muerte cercana de su Hijo. Esta obra ha sido objeto de diversas restauraciones como la realizada por Nicolás Perdigón Oramas a principios del siglo XX, o la llevada a cabo Ezequiel de León Domínguez en 1995.

En el capítulo de enseres, la Santísima Virgen cuenta con un manto de terciopelo negro bordado en oro, confeccionado por las monjas del monasterio de San Benito en Montserrat (Barcelona, 1965) y un solio de plata repujada trabajado en los talleres del orfebre sevillano Joaquín Osorio (1995); completan este ajuar un puñal, una luna y una jardinera para la colocación de las flores del mismo material.

Con respecto al trono en el que actualmente se procesiona, fue realizado y donado por el ebanista local Isaac Valencia Pérez (1958), empleando madera de eukola. Este, sustituye a otro más antiguo con peana de forma octogonal donado a la Cofradía en 1871 por Don Sebastián García Rivero y que actualmente se utiliza en la procesión del Cristo Resucitado.

 

San Juan Evangelista

 

Imagen realizada en la mitad del siglo XIX por el escultor orotavense Cayetano Fuentes Acosta, utilizando una cabeza y unas manos que correspondían a otra iconografía y que, probablemente perteneciera al siglo XVIII. Al igual que las citadas es de candelero, preparada para recibir vestidos que son de terciopelo liso rematados por un galán dorado. Si algo distingue a estas imágenes secundarias es la austeridad de sus ropas que las distinguen notablemente de las imágenes titulares de la Cofradía que son el Cristo y la Virgen. El trabajo principal se centra en el angustiado rostro y en las manos donde porta un pergamino como cronista de la Pasión. Fue sometido a un proceso de restauración en el año 2000 realizado por los escultores Pablo Torres Luis y Leticia Perera González. Con respecto al trono procesional fue realizado en madera de caoba africana por el ebanista Isaac Valencia Pérez (1959). En el mismo fueron tallados los símbolos que se relacionan en la vida del apóstol y evangelista: el águila, la pluma y el pergamino.

En la Procesión del Encuentro es protagonista excepcional al emprender la carrera con la que avisa a la Santísima Virgen, la inminente muerte de su hijo amado.



Santa María Magdalena

 

Imagen Anónima del siglo XVIII. Ha sido sometida a procesos de restauración en el siglo XIX por Cayetano Fuentes Acosta, en 1963 por Ezequiel de León Domínguez y por último en el año 2001 por Pablo Torres Luis y Leticia Perera González. De esta imagen es característico su peluca de cabellos naturales en forma de tirabuzones. Como es común de esta santa la misma porta un pequeño copón de aromas para embalsamar en su mano izquierda. El solio que la corona fue realizado en 1995 por el orfebre sevillano Joaquín Osorio y su trono procesional por el ebanista Isaac Valencia Pérez (1960).

 


La Verónica

 

Imagen Anónima del siglo XVIII. Ha sido sometida a los mismos procesos de restauración que Santa María Magdalena realizados por los artistas citados anteriormente y en las mismas fechas. Tiene como particularidad la cabellera de pelo natural, así como el atributo propio de su iconografía el blanco lienzo con la faz del Cristo. El solio fue realizado en plata repujada por el orfebre sevillano Joaquín Osorio en 1995 y el trono procesional por el ya mencionado Isaac Valencia Pérez.